Probar dos cafés como espresso y luego en una bebida con leche puede revelar diferencias que no habías notado. Para que la comparación sea útil, conserva una rutina semejante en cada preparación.
Prueba primero los espressos
Prepara cada café con una receta apropiada y anota el sabor que percibes. Registra los ajustes de molienda por separado: distintos granos no tienen por qué usar la misma calibración.
Prepara las bebidas con leche
Intenta mantener una proporción y una textura de leche similares en ambas tazas. Prueba el resultado sin fijarte solo en el diseño del vertido.
Compara tus notas
Pregúntate qué características del espresso siguen presentes y cuáles percibes de otra manera. Anota qué bebida prefieres y por qué, sin convertir esa preferencia en una regla universal.
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