Decir «me gusta» es un buen comienzo, pero comparar dos cafés sin ver sus nombres ayuda a descubrir por qué prefieres uno. La catación a ciegas reduce las expectativas que pueden provocar la marca, el origen o el precio. Este ejercicio casero no sustituye una evaluación profesional, pero sí entrena tu atención.
Prepara dos muestras comparables
Pide a otra persona que identifique dos cafés como A y B sin decirte cuál es cuál. Usa cantidades iguales de café y agua, el mismo tipo de molienda, recipientes similares y un procedimiento idéntico para ambas muestras. Deja una hoja para registrar tus observaciones antes de conocer las identidades.
Huele antes de probar
Acércate a cada muestra y describe los aromas con palabras sencillas: ¿te recuerda a fruta, cacao, frutos secos o especias? No fuerces una nota específica. Una descripción honesta como «dulce y tostado» aporta más que una lista de sabores que no percibiste.
Prueba en distintas temperaturas
Prueba primero cuando sea seguro beber el café y vuelve a hacerlo mientras se enfría. Compara dulzor, acidez, amargor, cuerpo y persistencia. ¿Cambió tu preferencia? Anota diferencias concretas entre A y B, sin intentar adivinar el origen a partir de una sola sensación.
Revela los cafés y repite
Después de escribir tus notas, descubre cuál era cada muestra. Repite el ejercicio otro día para comprobar si reconoces rasgos similares. Con el tiempo construirás un vocabulario sensorial propio y tomarás decisiones más conscientes al comprar o preparar café.
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